“¿Eres feliz?”

Esta pregunta que me hice hace años puso mi vida patas arriba. Miraba a mi alrededor y me daba cuenta de la suerte que tenía de las personas que estaban en mi vida, de lo que me querían y de lo que yo las quería y admiraba, sobre todo después de haber atravesado momentos un tanto difíciles. Tenía un trabajo, estaba terminando mi carrera y no podía pedir más. No obstante, miraba hacia dentro y la realidad era bien distinta. No estaba triste, ni tan siquiera era algo en lo que pensara a diario, pero dentro de mí sabía que había algo que faltaba, o, más bien, que no estaba en su sitio. Y no fue hasta ese viaje que descubrí de qué se trataba.

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Hace 7 años tomé una decisión: decidí abandonar mi ciudad, mi país, mis amigos y mi familia, y pausar mi carrera temporalmente. Cansada de pensar en qué era eso que no me permitía sentirme plena, sentí la necesidad de salir a buscarlo y, por muy paradójico que fuera, huir de todo aquello que en ese momento me hacía feliz. Quise ponerme a prueba, me mudé a otro país y salí de mis áreas conocidas; de mi entorno favorable; de una familia y de unos amigos que me querían incondicionalmente. Quise conocer mis miedos para desvestirlos, aceptarlos y poder así seguir caminando por una senda que yo misma había estado bloqueando.
 

En ese entorno desconocido, y rodeada de personas extrañas que poco a poco se convirtieron en indispensables, empecé a conocerme primero a través de ojos ajenos, a través de palabras de otros que me hablaban de mí, de sus primeras impresiones al conocerme y de las segundas al cabo del tiempo. Me fui forjando una idea de esa persona de la que hablaban, hasta que sentí la necesidad de conocerla a través de mis propios ojos. Descubrí que, si bien no es fácil desnudarse ante otros, menos lo es hacerlo ante uno mismo, pero el ser humano lleva el valor en su ADN, aunque a veces los miedos o la vergüenza nos hagan a mirar hacia otro lado.

 
 
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"Empecé a conocerme a través de ojos ajenos, a través de palabras de otros que me hablaban de mi (...). Me fui forjando una idea de esa persona de la que hablaban, hasta que sentí la necesidad de conocerla a través de mis propios ojos".

Ese viaje fue una transformación personal, y no hablo de un viaje a otro país, sino de uno hacia un lugar que llevaba habitando desde que tenía uso de razón: mi propio cuerpo, mi mente, mi interior. A partir de ahí, volví a mi ciudad y a mis rutinas conocidas, pero sentía que todo tenía un color distinto. Terminé mi grado en Psicología y, dos años más tarde, empecé mi formación en Inteligencia Emocional, Coaching, Programación Neurolingüística y Terapia Narrativa, con el único propósito de poder algún día acompañar a personas en ese mismo viaje que recorrí yo.
 

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Hace siete años aprendí que, para poder sentirse bien con uno/a mismo/a, primero debemos conocer cada uno de los rincones que nos componen, apreciar aquellas cosas que nos gustan y que nos hacen distintos y trabajar en aquellas que nos estén impidiendo avanzar.

Déjame acompañarte en este viaje, aunque no implique mudanzas ni traslados de ciudad, pero sí determinación, valentía y honestidad. Permítete recorrer ese camino que te lleve a vivir una de las mayores aventuras de tu vida: la del autoconocimiento. Solo así lograrás tener la conciencia y las herramientas suficientes para afrontar los obstáculos que se interpongan entre tú y tus objetivos, algunos quizá ya aparcados. Quiérete por cada una de las cosas que te definen y te hacen especial y sé compasiva y compasivo con aquellas que quieras trabajar, pero hazlo desde la tranquilidad de saber que solo tú escribes tu historia, y que puedes elegir cómo contártela.

 

"Quizá, para empezar a ser, y ser felices de verdad, lo que toca es empezar a ser sinceros con nosotros mismos para vernos tal cual somos, pedir ayuda si la necesitamos y, en definitva... ¡dejarnos de cuentos!"

Alejandro Fiol y Meritxell Obiols - Coaching para todos